Hágame usted el bendito favor, puedo entender que en Cuba, Venezuela, Libia, Yemen o países similares, las decisiones se pretendan consensar teniendo previamente un fallo determinado. ¿Pero en Mérida? ¿cómo?, ¿porqué pretender simular en un tema como es el Carnaval? Será que se les quedaron pegadas las máscaras. Me explico, Gaspar Quintal, Oficial Mayor del Ayuntamiento, pretendió y orquestó una consulta ciudadana donde, involucrando al IPEPAC so pretexto de obtener asesoría en la operación y buscando legitimar el proceso (¿Nació viciado?), el día de hoy domingo y tras de una intensa campaña de promoción publicitaria y juego mediático se llevó a cabo la consulta sobre el Carnaval. Los resultados, son evidencia de las fallas en su desempeño y han puesto al descubierto una vez más su vocación bien conocida de manipulador, menosprecio por los ciudadanos y desafortunadamente nos hace recordar su tristemente célebre paso por el Congreso Estatal En Mérida habemos según el último censo poco más de 830,000 habitantes, de ellos, según cifras del IPEPAC 438,210 estamos en el listado nominal del año pasado con posibilidad de votar, es decir el 52%. Ahora bien, la consulta del Carnaval solo tuvo una participación de 5885 votos. Es decir, con solo el haber obtenido el 0.007% de la participación ciudadana en Mérida, y dejando a un lado lo que los jóvenes y niños que se involucran activamente durante las carlestonadas pudiesen opinar, se pretende dar por decidida la elección. He ahí la simulación, ¿cómo pretender que una decisión que se consensa con la sociedad se tome con solo 7 milésimas de ella? Inaudito. A todas luces este proceso ha sido un fracaso, una muestra de la incapacidad de la Oficialía Mayor de quien depende el proceso, de articular políticas públicas confiables, y sin embargo pretenden legitimarlo haciendo gran propaganda -que no noticia- del supuesto éxito del mismo. Independientemente del resultado, el querer engañar a la ciudadanía sobre un supuesto ejercicio democrático, solo logra minar aún más la confianza que hemos depositado en nuestras autoridades. Se dice que es de sabios cambiar, yo digo que es más de sentido común; hay que hacerlo con humildad, por el propio bien y el bien común, reconocer errores y enmendarlos, de lo contrario en una de esas las máscaras se arraigaran como rostro propio.