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En Concreto-Editorialistas locales

Criminales precios

1316 palabras

No podía ser de otra forma en este estado donde los sueños se hacen realidad, al menos hasta ahora los de funcionarios y camioneros se han realizado ya. Esperemos que pronto llegue su turno al pueblo. Ya parecía raro que tantos programas gubernamentales con nombre en infinitivo se hicieran gratis o al menos por obra y gracia de la santísima voluntad de nuestra titular del ejecutivo.

Ya decía que el encargado de las finanzas locales debía ser un genio sin par, para lograr en la práctica, en el árido terreno del acontecer cotidiano, del quehacer gubernamental diario, el mítico milagro bíblico de la multiplicación de los panes y los peces, que en este caso sería de los pesos y que a causa de ese prodigio, por eso sólo, merecía ser propuesto como candidato para ganar arrasadoramente y sin oposición alguna, el premio Nobel de economía. Afortunados nosotros los yucatecos por tener semejante prenda desempeñándose en el gabinete estatal dando lustre a su administración con su espectacular actuación. Estuve a punto de enviar una carta rogando que por favor se lo prestaran nada más un momentito, para que les enseñara la calidad de la melcocha, a Barack Obama y hasta al presidente Calderón, si lo pidiera.

Pero la burbuja no tardó en reventar. Tan luego los empresarios encargados del transporte urbano de pasajeros se pusieron a llorar como magdalenas su miseria y la incomprensión con que les obsequia el perverso pueblo yucateco que los critica siempre, los cree millonarios, los considera hambreadores y explotadores de esos seres cuasi seráficos, toda urbanidad y buenas maneras, que dispensan al público usuario un trato mas refinado que el que pudiera otorgar el más distinguido miembro de la casa real inglesa, el gobierno de la nueva mayoría que tiene un corazón más dulce que cierta marca de helados propiedad de una trasnacional, a los que en un alarde de originalidad copió el logotipo o al menos tomó como modelo inspirador, se apresuró a poner las cosas en su sitio y a demostrar que es un gobierno que escucha a sus amigos y que por lo mismo, ha conseguido que a dos años de gestión, Yucatán se vea diferente y ni tardo ni perezoso autorizó un incremento del veinte por ciento en el monto de las tarifas del pasaje, para que los abnegados y sufridos empresarios camioneros no pierdan más el sueño pensando si tendrán para comer mañana. Después de todo, los salarios tuvieron un generoso aumento del tres por ciento y así, semejante alza le haría a la economía familiar lo que el viento a Juárez. Más aún, para que las voces perversas y diabólicas no se regodearan en denostar las altísimas miras y la enorme sensibilidad de la actual administración, que sabe llorar y bien cuando es preciso, en un alarde de emoción social se determinó crear tarifas al alcance de todos los integrantes de los grupos vulnerables, que de esta forma no podrían, so pena de ingratitud, atreverse a decir que no hay cariño.

¿Acaso la gente cree que los zapatos, los cobertores, las chamarras, las banquetas —aunque las haga el ayuntamiento de Mérida— las casas —aunque las construya el gobierno federal, vía INFONAVIT— son gratis? Nada lo es en esta vida. Hasta Dios nos pide para poder darnos el cielo, ser buenos.

No se entiende tal desconsideración sobre todo cuando esta administración ha podido cumplir las más locas fantasías de muchos, llevándolos a frecuentar lugares que anteriormente no hubieran podido conocer ni de relajo y en los que mucho menos podrían suponer que serían admitidos. No se entiende tanta ingratitud y menos cuando se han otorgado apoyos en cantidades inusitadas, como nunca antes se había hecho. Que los apoyos se hayan dado a los amigos es otra cosa, que éste sea un gobierno amigable y amistoso, que sabe hacer amistades, es harina de otro costal. ¿Acaso es delito ahora hacer amigos?, ¿Quién en su sano juicio puede acusar a alguien por el simple hecho de procurar el bienestar de sus amigos? Es claro que este gobierno se ha preocupado por abatir el desempleo, procurando dar ocupación a sus amigos y allegados y concediendo tarifas razonables y decorosas a sus partidarios y procurando que las noticias lleguen al conocimiento de la población a través de medios de comunicación dignos e identificados con sus convicciones justicieras. ¿No es en la nómina donde se demuestra el grado de amistad y cercanía con una bien alimentada remuneración? ¿Que se cometen errores? ¿Y cómo podría esto no ser posible, máxime cuando los amigos se ven obligados a aprender a marchas forzadas la materia de su encargo? ¿Acaso se cree que los funcionarios públicos tienen que ser todólogos y saber de cualquier cosa, hasta de lo que se ocupan? ¿Existe mejor manera de preservar el patrimonio y lógicamente de dar certidumbre de estabilidad financiera a las familias que garantizando un óptimo nivel de ingresos, con tarifas que permitan que esto se verifique? ¿Acaso no es de altísima importancia estratégica que las mayorías aprendan a apreciar a sus gobernantes que tanto los quieren y a los que causan desvelos sin fin y se enteren de sus historias de infancia y sacrificios y conozcan los enormes esfuerzos que se realizan a su favor? ¿Acaso no es conveniente concretar las ilusiones y expectativas de semejante número de seres tan desprendidos y necesitados de afecto y seguridad patrimonial? ¿Qué ser sin corazón desmentirá esto?

Ciudadano yucateco: cada vez que tus hijos se pongan un par de zapatos, utilicen una chamarra o enciendas el televisor, hojees los periódicos o mitigues el frío echando mano de un abrigador cobertor, recuerda que con ello contribuyes a la felicidad de muchísimos funcionarios de esta administración y a la de los empresarios que generosa, noble, leal y desinteresadamente la apoyan. Cada vez que utilices algunas de estas prendas que te obsequia este gobierno promotor de la justicia social, piensa en cómo vestían y en lo flacos que estaban muchos de los integrantes del gabinete actual y a ver quien se atreve a desmentir que la justicia existe en esta vida. Cada vez que abordes un autobús de transporte urbano y rebusques frenéticamente en tus bolsillos y tengas que poner cara de circunstancias e implorar, como quien pide misericordia, que el operador transija a dejarte viajar aunque te hagan falta de cincuenta centavos a un peso, que los altos costos de los bienes y servicios alcanzan en la actualidad, restándolos a tus ingresos y a tus haberes, recuerda que afortunadamente esto no les ocurrirá al menos durante la presente administración a los empresarios transportistas, gente solidaria, preocupada por el bien común y patriota. Cada vez que este gobierno te dé alguna beca, descuento o te incluya en alguno de sus programas de ayuda o carácter social y te digan y recalquen que no te costará nada, que no te pedirán nada a cambio, recuérdalo y haz memoria de cómo estaban antes quienes te dicen esto y como están ahora y piensa si es justo o no que esto ocurra y si quieres continuar haciendo la felicidad de quienes están hasta hoy en el gobierno y sus amigos; y a partir de entonces, sabrás qué sentido has de darle a tu voto.