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Vida-Salud

El riesgo del alcohol

2116 palabras

De bebedor a alcohólico, un testimonio real

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Cientos de jóvenes en la ciudad de Mérida se divierten asistiendo a  lugares en donde consumen alcohol, a veces en cantidades tales que llegan a emborracharse.

Estas escenas se repiten cada fin de semana, cada cumpleaños y cada tercer o cuarto día. Sin embargo, lo que aparentemente sólo es una borrachera de amigos, pudiera tornarse en una de las enfermedades más peligrosas en las que se pierde el control de sí mismo: el alcoholismo.

El alcoholismo no respeta edad, sexo o condición social. Afecta del mismo modo a jóvenes, a trabajadores, a padres o a madres de familia, obedeciendo siempre a la particularidad de volver dependientes de la sustancia a cada una de sus víctimas.

Esta enfermedad afecta a cerca de tres millones de personas en nuestro país —según datos de la organización Alcohólicos Anonimos— la mayoría de las cuales desconoce que es alcohólica, por lo que no siguen un tratamiento.

La situación se vuelve más crítica para los jóvenes, ya que en 2006 se registró que 69.45% de las adolescentes en edad de secundaria y bachillerato y 68.2% de los varones son bebedores activos en riesgo de tornarse en alcohólicos en un futuro.

Pero, ¿qué es lo que distingue a un bebedor activo de un alcohólico? Enrique V., miembro del grupo Alcohólicos Anónimos, explicó que la diferencia principal radica en no poder controlar el número de copas que se piensan beber; es decir, una vez que la persona comienza a beber no puede detenerse y continuará bebiendo hasta quedar en completo estado de ebriedad.

En un testimonio hecho a Artículo 7 con la intención de orientar a otros jóvenes, Enrique V. refiere cómo fue su "paso" de bebedor social a alcohólico.

Los inicios en el alcohol

Enrique señaló que su familia era relativamente normal y poco conflcitiva. Mencionó que su padre fue alcohólico, lo que lo determinó a no seguir sus pasos.

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Según cifras del 2006, casi el 70% de los jóvenes está en riesgo de ser alcohólico en el futuro

Hubo un momento de mi vida en que yo dije "nunca voy a beber", "nunca voy a probar el alcohol" y fue por eso que en mi adolescencia decidí no hacerlo. Sin embargo, un tiempo después ya con mis amigos, con mis amigas, se me olvidó todo esto.

Lo que me gustó del alcohol es que produjo en mí un cambio, me hizo sentir más libre, más desinhibido, con valor para hacer cosas como invitar a una chica a salir, o simplemente la sensación de ser mayor, de ser "grande", de ser importante... todo esto fue lo que me llamó a mí.

Enrique comenta que entonces comenzó a consumirlo de forma esporádica, cada vez que se presentaba la oportunidad y a escondidas, tratando de que sus padres no se dieran cuenta.

Posteriormente, en la universidad, continuó bebiendo, pero ya con el conocimiento público.

Ya no me importaba a mí que los demás supieran que era un bebedor y lo hacía a la menor provocación: cumpleaños, bautizos, bodas, XV años, fiestas.

{xtypo_quote}Nunca me imaginé ser un alcohólico. Mi papá fue alcohólico y a mí me tocó ver en mi niñez mucho del sufrimiento de esa enfermedad por lo que me propuse no tomar{/xtypo_quote}

¿Cuándo beber se convierte en un problema?

—Cuando yo empiezo a sentir realmente la necesidad del alcohol. Todo lo que yo vivía, los problemas que surgían en mi casa, en mi escuela, con mis amigos, con mi novia, todo eso sentía que me hacía daño, que me preocupaba. Me hacía sentir en un estado de angustia, de desesperación, de no encontrar una salida... y cuando yo bebía, tenía una sensación de calma, de tranquilidad, aparentemente de que no pasaba nada.

Enrique cuenta que la situación se le fue saliendo de control y lo que parecía ser solamente un medio para desahogarse, comenzó poco a poco a controlarlo a él.

Yo buscaba beber siempre con la idea de calmarme. Nada más. Una o dos copas para continuar con mis actividades normales. Cuál sería siempre mi sorpresa que cada vez que yo empezaba a beber ya no podía detenerme. Sentía una necesidad de beber más, más y más. Yo me daba cuenta de que una vez que yo empezaba a beber tenía que seguir hasta quedar borracho.

Enrique explica que al principio las "borracheras" con sus amigos significaban "fiesta", pero pronto comenzaron a tener un significado distinto.

Cuando estaba tomando con mis amigos, ellos se iban, porque tenían compromisos, cosas que hacer y yo me quedaba, aún teniendo compromisos: exámenes, trabajo, reuniones importantes, todo eso se me olvidaba.

Pisando fondo

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Enrique tenía incluso alucinaciones de él mismo caminando borracho por las calles totalmente solo y llegó a pensar que sería una buena solución el morir borracho. Hasta ahí llegaba su soledad.

Pensaba que la solución era que dejara de existir, porque no había nada que valiera la pena en el mundo para mí y nadie me comprendía, nadie me quería. Incluso el alcohol ya no me llenaba, ya no me satisfacía.

Finalmente Enrique reaccionó y se propuso dejar de beber con sus propios recursos, prometiéndole a su madre dejar de hacerlo, prometiéndoselo también a Dios y acercándose a la religión, pero la resolución se le salía de las manos.

Algún tiempo pude contenerme, un mes, dos. Pero después volvía a caer, todo vovía a lo mismo, no podía detenerme hasta quedar totalmente borracho. Mi vida comenzó a girar en torno al alcohol, a conseguir dinero para poder beber.

Cuenta que sentía una gran impotencia al no poder dejar de beber a pesar de sus esfuerzos.

En muchas ocasiones en que yo estaba bebiendo, quería dejar la botella, salir corriendo, dejar de beber y no podía y tenía una impotencia de seguir pegado a la silla y a la botella, bebiendo.

Enrique llegó incluso al punto de encerrarse en su casa con tal de no beber, de salir a pequeños intervalos y sin dinero para no adquirir el alcohol, cambió el tipo de bebida que acostumbraba consumir, todo con la idea de dejar de beber, pero fue inútil, hasta que se resignó a seguir tomando... hasta que algo cambió el rumbo de las cosas.

{xtypo_quote_left} Yo no sabía que ésa iba a ser mi última borrachera, pero así fue{/xtypo_quote_left}

En mi útima borrachera, que empezó como una borrachera normal, con mis amigos, comencé a pensar muchas cosas. Estaba muy enojado, sentía que todo el mundo estaba en mi contra, que nadie me ayudaba, sentía una soledad muy profunda. Surgieron resentimientos con mi familia, especialmente con mi padre.

—Entonces, cuando llego a mi casa surge una discusión con él en la que yo le reclamo muchas cosas de mi infancia, de cómo me trató y le dije cosas muy fuertes, muy hirientes. Al día siguiente no soportaba las crudas física y moral, ni la culpa y el arrepentimiento, por lo que hablo con mi papá y le pido perdón llorando.

El encuentro con Alcohólicos Anónimos

Este hecho tan significativo para Enrique cambió algo dentro de él, sin que supiera exactamente qué fue. El haberle gritado a su padre lo mantuvo en un estado de tristeza y aletargamiento por días, sin tener un objetivo en la vida.

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Portada del libro que cambió la vida de Enrique

Fui a una biblioteca buscando algo que me hiciera sentir mejor y empiezo a leer la historia de un hombre y cómo vivía. Él era bebedor y narra cómo bebía y cómo había dejado de beber. Me dieron ganas de llorar porque me sentí muy identificado con él y cuando vi la carátula, descubrí que era el libro Alcohólicos Anónimos por Bill W.

—Y me llamó mucho la atención, fue algo muy aterrador, porque yo nunca pensé pertenecer a este movimiento, sabía de su existencia, que ayudaban a personas con alcoholismo, pero el simple hecho de considerarme yo un alcohólico, no podía.

A.A.

Alcohólicos Anónimos es la organización no gubernamental más grande del país. Tiene alrededor de 13 mil 500 grupos donde día a día se recuperan más de 200 mil hombres y mujeres que estaban fuera de la dinámica familiar y social.

En Mérida, Alcohólicos Anónimos lleva funcionndo 21 años —las 24 horas los 365 días del año— y acepta miembros de 18 años en adelante.

A.A. me abrió las puertas. Es una asociación de hombres y mujeres que se apoyan mutuamente compartiendo su experiencia. Y hasta el día de hoy, puedo decir que permanezco sobrio. MEAP

{xtypo_rounded1}Según datos de la Encuesta Nacional de Adicciones hay 32 millones de bebedores en México, de los cuales, 30% son adolescentes entre los 12 y los 17 años de edad. Además, 95% de la fuerza laboral entre 25 y 44 años de edad, bebe. De estas personas, dos de cada 10 tienen un consumo riesgoso.
Además, 40% de los accidentes de tránsito que ocurren en la Ciudad de México, tienen relación con el consumo de alcohol y 80% de los reclusos fueron enviados a prisión por problemas generados por esta misma causa.{/xtypo_rounded1}