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Además de la profesión de abogada, ¿qué más comparte con su personaje Rebecka Martinsson?
Las dos venimos del norte de Suecia. Ella también ha crecido en una comunidad pequeña, luego se ha ido a la ciudad a estudiar Derecho, como yo, pero no se siente integrada, así que vuelve a su pueblo natal. Sin embargo, nada es igual, algo ha cambiado. Rebecka es poco apegada y le cuesta relacionarse con la gente. Yo también soy un poco como ella.
¿Por qué decidió que Rebecka Martinsson aparecería en un mínimo de seis novelas cuando todavía no había acabado de escribir la primera?
Yo estaba muy decidida a acabar mi primera novela cuando empecé a escribirla. Decidí, mientras lo hacía, que escribiría tres aunque nadie quisiera saber de ellas. Pero si se publicaba y provocaba interés en los lectores, entonces pensé que escribiría seis. Por eso, ahora sé que escribiré seis (ríe).
La flamante publicación de La senda oscura, tercer título de la escritora sueca Asa Larsson, reafirma la apertura de la literatura nórdica hacia nuevos mercados y aporta una nueva perspectiva al policial negro, el género que halló una renovación decisiva en las novelas de Henning Mankell y Stieg Larsson.
¿Cómo les condiciona el tiempo a los suecos del norte?
El clima y el aislamiento nos afecta mucho. En Kiruna estamos muy lejos de Estocolmo, donde se toman las decisiones importantes. Tenemos cierto sentimiento de inferioridad respecto al resto de Suecia. En Kiruna la gente no se relaciona demasiado, somos malhablados y poco sociables y además bebemos mucho. Quizá somos más parecidos a los rusos que a los suecos.
Sin embargo, esto ofrece unos escenarios más atractivos para la novela.
Sí, es un regalo de Dios. Es un sitio diferente, para mí no hay ninguno igual en el mundo, es exótico y perfecto para la novela.
¿Se considera embajadora de Kiruna?
Kiruna se las apaña muy bien sin mí, pero yo no puedo vivir sin Kiruna. Kiruna ha sido siempre muy importante a nivel internacional, por las minas de hierro, ya que allí tenemos el hierro más puro del mundo. Ahora tenemos un centro de investigación espacial. Además, estamos llevando a cabo una experiencia pionera en el mundo, y es que se está trasladando el pueblo porque la mina de hierro es cada vez más profunda y ahora va por debajo de las casas. Por tanto, Kiruna sabe tirar adelante sin mí, pero no al revés.
En sus dos primeras novelas (Aurora boreal y Sangre derramada) hay una parte importante de la trama que apunta a la religión. ¿Es una manera de apartar viejos fantasmas?
La religión forma parte de mi herencia. Mis abuelos paterno y materno pertenecían a una iglesia muy conservadora, los laestadianos; mis padres, en cambio, no creían en la religión, eran muy de izquierdas y tenían un matrimonio muy abierto, más propio de los sesenta. Yo sí me uní a una iglesia libre de adolescente. Por tanto, siempre ha sido un tema de debate en mi casa y me ha costado dos libros de terapia poder empezar a hablar de otras cosas (ríe).
Y seguro que no a todos les gusta que hable así de la religión…
A mí me mandan muchas cartas. Algunos me lo agradecen porque dicen que parece que yo haya vivido en sus propias familias. Pero también hay gente que me explica que son miles de personas las que rezan por mí y me dicen que en breve voy a conocer a Jesús y dejaré de criticarles. Éstas particularmente me molestan mucho, porque ellos no tienen ni idea de cuál es mi relación con Dios, que me va muy bien y no tienen que juzgar.
Su literatura es más directa que la de Camilla Läckberg, por ejemplo, ya que ella es más sutil a la hora de describir determinadas escenas. ¿Cuestión de gustos personales?
Esto debe venir de los modelos que yo tengo para escribir, como Cormac McCarthy, que escribe de forma directa y muy cruda. Además, en Kiruna hablamos muy alto, muy rudo, y cuando bromeamos podemos resultar ofensivos. Quizá por eso escribo de forma más directa.
Sangre derramada comienza con el asesinato de una pastora lesbiana.
Camilla Läckberg quería una escritora para resolver sus casos, usted escoge a una abogada. Los policías, en ambos casos, son personajes secundarios. ¿Por qué lo deciden así?
Yo soy muy vaga, así que escribo sobre lo que más conozco. Como soy abogada, elijo a una abogada en mis novelas, que es la opción más fácil. De todos modos, el género negro se está ampliando mucho y actualmente no es raro ver a distintos personajes investigando casos.
Entonces Camilla Läckberg debe ser más vaga que usted, porque ella es escritora como su protagonista, pero además las dos están casadas con un policía.
(Ríe) Camilla suele bromear mucho con eso, pero a fin de cuentas, los crímenes que tú inventas los tienes que investigar tú misma, estés casada o no con un policía.
Sobre su tercera novela (La senda oscura)...
Sabía que tenía que alejarme de Kiruna, Suecia y Europa. El personaje es un hombre de negocios de Kiruna, pero que tiene minas en África. Y al principio Rebecka Martinsson está fatal (ríe).
¿Qué hace una abogada como usted escribiendo sobre crímenes? ¿Para eso le pagaron sus padres la carrera?
(Risas) Es verdad que tenía un trabajo estable como abogada, mi mundo parecía estar en orden y muchas cosas tenían aspecto de ser inamovibles... Pero entonces, tuve mi primer hijo y cambió mi forma de percibir el mundo. Lo que había sido mi vida hasta ese momento se me antojó monótono y aburrido hasta el punto de necesitar un verdadero cambio. No quiero que se me malinterprete, porque no significa que necesitase fuertes emociones para tener un vida plena... De hecho, me bastó con divertirme dentro de mi propia cabeza para lograr ese cambio. Consideré, entonces, la posibilidad de pasar a papel aquello que se me ocurría, y nació el primer libro.
Y vio la luz Rebecka Martinsson, a quien por cierto traspasó su toga de jurista... ¿Qué más cosas comparte con su protagonista?
Convertí a Rebecka en abogada por varios motivos: el más importante es que se trataba de un entorno laboral que yo conocía perfectamente y no me costaba retratar. Quizá también era una forma de despedirme poco a poco de mi profesión. Con ella, además, comparto su fuerte amor hacia la aldea donde ambas nacimos, Kiruna, y la sensación de sentirnos desvalidas en muchas circunstancias. Si conocieran mi pequeña localidad natal, comprenderían que aquello de beber mucho, hablar a voz en grito, etc., no es más que una manifestación para sobreponernos a la sensación de inferioridad. En contraposición a ese sentimiento, Rebecka es fuerte, tiene tesón y puede resolver casos criminales.
Tengo la teoría de que a los lectores nos apasionan las novelas policiacas porque ordenan el mundo: los buenos ganan, los malos son detenidos... ¿Usted qué piensa?
Que estoy totalmente de acuerdo con lo que dice. Desde siempre nos han interesado las historias de aventuras, muertes y asesinatos que tienen su premio para los justos y su represalia para los que 'pecan', y es así desde el Antiguo Testamento. Si además añades un plus de buen entretenimiento, la fórmula es perfecta para evadir al lector de su rutina cotidiana.
¿Cuántos muertos lleva ya a sus espaldas?
(Ja, ja) ¡Ya he perdido la cuenta! Pero no sólo he 'matado' a personas, ¡usted no sabe la cantidad de perros que he asesinado en mis novelas! Es algo que no sé cómo llevará la gente, pero a mí me hace sentir rara. Puedes quitar la vida a mucha gente sobre el papel, porque a fin de cuentas se trata de una novela de género. Da igual que sea un sacerdote, una joven madre... Pero, como autora, enfrentarme a la muerte de un perro me bloquea. No me extraña que en la siguiente novela mi protagonista termine entrando en una grave crisis... ¡Con lo que tiene que ver, la pobre!
¿A qué viene tanto aluvión de autores policiacos llegados del 'frío' que nos emocionan?
No lo sé, quizá retratemos una realidad diferente a la de los países mediterráneos o sajones, y eso atrae al lector de esas latitudes. En eso radica el encanto de la novela negra: que puedes conocer las sociedades en las que se desarrolla el crimen, sus gustos, su cotidianidad, su manera de ver y pensar. Y sí, es cierto que mis 'hermanas de sangre', como Ane Holt o Mari Jungstedt, están teniendo una acogida fantástica en todo el mundo. Sobre todo, la gran maestra, Kerstin Ekman, a quien adoro.
El 'padre' literario de todos ustedes, el que abrió brecha con el piolet de Wallander, fue Mankell... ¿No lo sienten de esta forma?
Mankell es un grandísimo escritor, que no sólo ha publicado novelas policiacas, sino que también ha terminado libros de alta literatura. Es cierto que ha abierto una brecha para todos los que hemos ido detrás de él, dejando el pabellón de nuestra novela negra muy en alto. Además, abrió los ojos al resto del mundo de que la sociedad sueca no era tan idílica ni tan del bienestar como decía la leyenda. A partir de él, muchos lectores se fueron familiarizando con nuestras costumbres, nuestra nieve, nuestro carácter y nuestra forma de ver y entender las cosas.
Por cierto, ¿no le han dicho que la inspectora Anna-Maria Mella recuerda a la protagonista de 'Fargo'?
¡Muchas veces! Y no sólo porque esté embarazada, como la protagonista de la película de los hermanos Cohen, sino porque quizá yo, inconscientemente, pensé en ella a la hora de trazar este personaje que ayuda a Rebecka a resolver el misterio.
¿Descolgarse con un crimen dentro de una secta como trama para su primer libro no ha sido un poco osado, teniendo en cuenta cómo son ciertos fanáticos?
Visto así, yo también lo creo. Pero, aparte de que algunos se sintieron reflejados y se enfadaron mucho conmigo, este libro me ha dado una experiencia impagable: que un gran número de personas que pertenecían a diferentes sectas las abandonaron después de leer mi novela y entrar en contacto conmigo. El hecho de que los libros no sólo supongan entretenimiento, sino también formación y despertar a una nueva realidad es algo muy satisfactorio.
Creo que ha dejado su profesión. ¿Le dan de comer sus libros?
Sí, es cierto que ya puedo vivir de la literatura. Desde mi primera novela, pedí una excedencia y mi cabeza ya sólo está ocupada en nuevos libros.
A sus hijos les vendrá muy bien que pertenezca a 'la industria del entretenimiento'... Aunque espero que no les cuente sus novelas.
A veces les leo algunas historias cortas de misterio que les escribo. Pero tienen que ver más con lo detectivesco que con lo sobrecogedor... Prefiero eso a que lean a los Hermanos Grimm, que pueden llegar a ser terroríficos. No las versiones de Disney, sino los originales. ¿Recuerda Blancanieves? ¡Tiene pasajes escalofriantes!
Por cierto, ¿qué le pasa con los lobos? (en 'Sangre derramada' dedica muchas páginas a este animal).
Son como nosotras, las mujeres: maestros en la adaptación a las condiciones de vida difíciles y diversas. Pueden vivir en los desiertos, a más de 40º, pero también soportar los climas más gélidos. Al tiempo, saben ser felices, disfrutar del juego, son seres sociales, crían maternalmente a sus cachorros y están perfectamente integrados en su grupo. ¡Son fascinantes!, casi perfectos.
Por último, ¿qué libro está preparando ahora?, ¿volverá a protagonizarlo Rebecka?
Por supuesto. Ella es ya mi amiga.