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Como si se tratara del guión de una película de Hollywood, la llegada del hombre a la luna en 1969 se ha convertido, a más de 40 años de su realización, en una historia de secretos, mentiras y muertes, en la que importantes personajes que tomaron parte en esa época, como Henry Kissinger —entonces consejero de seguridad del presidente norteamericano Richard Nixon— por fin develaron el misterio sobre la supuesta falsedad de fotos del alunizaje de Neil Amstrong.
En una amplia entrevista, realizada por la televisión francesa a finales de los años 90, parte del gabinete presidencial de Nixon y ex directores de la Central de Inteligencia Americana (CIA) admitieron por fin que las imágenes de Amstrong en la luna, transmitidas por televisión a todo el mundo, fueron en realidad un rodaje a cargo del director Stanley Kubrick.También hablaron sobre las sospechosas muertes de quienes participaron en la filmación.
Previa a esta revelación, ya existía en 11% de los norteamericanos —según información de la NASA, y en mayor porcentaje en el resto del mundo— la creencia de que el viaje a la luna era un fraude. La duda estaba basada en una historia de fotografías retocadas, alunizajes falsos, presuntas rocas lunares que jamás habían salido de la tierra y en astronautas programados psicologicamente para mantener el fraude. Todo con el fin de evitar desesperadamente el desastre que hubiera supuesto la derrota estadounidense en la carrera espacial.
Por este motivo, el alunizaje del Apollo 11 a la luna, en 1969, es considerado por muchos como una de las grandes conspiraciones del siglo XX .
Entre los argumentos que daban fuerza a la teoría de la conspiración se encontraban que en aquel tiempo los equipos de la NASA no eran compatibles con los de la televisión; las imágenes del alunizaje tuvieron que ser reproducidas en un monitor que, a su vez, fue filmado por las cámaras de televisión —de acuerdo con información del diario El País. Esto, apoyó aún más la teoría de que todo había sido un engaño.
También, entre las pruebas mencionadas por los partidarios de esta teoría, se encuentran incongruencias en las fotografías como, por ejemplo, un cielo oscuro, sin estrellas, falta de un cráter considerable bajo el motor de la nave o, simplemente, que la NASA no contaba con suficiente tecnología para llegar a la luna. Pero quizá la que más pone en duda la llegada del hombre a la luna en 1969 es el anuncio de la NASA de que perdió todas las grabaciones originales del alunizaje, es decir, las 700 cajas con las transmisiones originales de todo lo que pasó.
Ante las reacciones que ese anuncio provocó en el mundo, el portavoz de la NASA, Mark Hess se apresuró a explicar que "el material no estaba perdido, sino que estaba en alguna parte" y que lo siguen buscando. Además, advirtió que aunque las cintas llegaran a encontrarse no servirían de nada por el desgaste de los años.
Otra teoría señala que la llegada del hombre a la luna sí sucedió, pero que Estados Unidos tuvo que falsificar las imágenes del alunizaje porque las verdaderas fueron destruidas por factores ambientales y que Richard Nixon, presidente de ese país en esos momentos, presionado por el interés de conocer los detalles de ese histórico suceso, decidió falsificar las imágenes.
Recurrió Nixon al cineasta Stanley Kubrick y a un equipo de profesionales que pudieran recrear a la perfección el alunizaje. En 1969, Kubrick se encontraba filmando la película "2001, Odisea en el Espacio", por lo que le pidieron reproducir la llegada a la luna con lo que ya tenía hecho; el director se negó inicialmente. Terminó, empero, cediendo y dirigiendo lo que todo el mundo vio en su televisión.
De acuerdo con algunos integrantes del gabinete presidencial de Nixon, entrevistados por la televisión francesa para un documental sobre el falso viaje a la luna, el presidente Nixon estaba metido hasta el cuello en la guerra de Vietman y tenía que efectuar una proeza asombrosa, algo que cambiara la perspectiva negativa que la gente tenía hacia él y su gobierno.
Eve Kendall, secretaria de Nixon, señaló que el panorama se complicó para Nixon porque el entonces director de la CIA, de 1966 a 1973, Richard Helms, pensaba que se había subestimado el poder de los soviéticos. Sería cuestión de meses o de días que los rusos llevarían al hombre a la luna. Ante esta situación, urgió en lanzar el Apollo 11 tan pronto como fuera posible.
Agregó que durante una reunión en la que estuvieron presentes Helms y Donald Rumsfeld, —miembro del gabinete de Nixon— el presidente se volvió hacia sus expertos de la NASA y les preguntó si estaban listos. El director de la agencia espacial lo tranquilizó sólo a medias porque le advirtió que "no sería posible enviar películas sobre los primeros pasos del hombre en la luna".
—Sin embargo, el presidente se negó a esa idea y dijo: "Ni hablar. El mundo espera ver a un estadounidense dar los primeros pasos en la luna". Entonces uno de los consejeros del presidente, el comandante Alexander Haig o Donald Rumsfeld dijo indecisamente: "¿Y si grabamos los primeros pasos en la luna en un estudio? Así, si fracasamos, siempre podemos enseñarle esa película al público." Luego de la reunión, el presidente me pidió las notas que tomé en la junta, las rompió y las tiró a la papelera para que no quedara ninguna prueba de lo que ahí se había discutido.
Al respecto, Donald Rumsfeld, miembro del gabinete de Nixon, admitió haber hablado con el presidente sobre el tema y haber sido apoyado por Henry Kissinger, consejero de seguridad.
Henry Kissinger comentó que al principio no se tomó en serio el asunto. Después, empero, las cosas fueron a más.
Alexander Haig, jefe de personal de Nixon aseguró que el presidente estaba preparado para llevar a cabo esa misión y que él lo respaldó.
Pero no todos estaban de acuerdo con lo de la filmación de la llegada a la luna. Lawrence Eagleburguer, consejero de Nixon, le pidió al presidente que no dejara que prosperara el plan.
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El General Vernon Walters, ex director de la CIA, también advirtió a Nixon el peligro de soltar mentira semejante en una democracia, especialmente porque demasiada gente hablaría. Al mandatario le dio igual y dio la orden de seguir con el proyecto.
Según Eagleburguer, la falsa grabación del alunizaje fue decidida por Henry Kissinger y Alexander Haig, el secretario de defensa.
Sin embargo, para Richard Helms, director de la CIA 1966 a 1973 el único que podía decidir si se hacía el rodaje era el presidente de Estados Unidos y él tendría que dar la orden de hacerlo.
—Me pareció lo correcto porque era para demostrar que seguíamos siendo Estados Unidos de América —señaló Donald Rumsfeld sobre la decisión del presidente Nixon.
Eve Kendall dio a conocer que en esa reunión en la que se decidió el montaje el presidente Nixon le dio a los involucrados menos de dos semanas para concluir la filmación.
De acuerdo con Donald Rumsfeld, fue él quien propuso primero a Stanley Kubrick para que la película fuera perfecta. Así que, teniendo en cuenta que el decorado no podría construirse en tan poco tiempo y que el rodaje de 2001, Odisea en el Espacio estaba llegando a su fin en un barrio residencial de Londrés, sugirió utilizar sus decorados. Estaba seguro de que Kubrick no podría negarse.
La certeza de Rumsfeld estaba basada en que durante el gobierno de Kennedy, la Casa Blanca había concedido a Stanley Kubrick una autorización especial para acceder a zonas estratégicas del Pentágono durante los preparativos de la película "Teléfono Rojo, volamos hacia Moscu": el director debía un favor.
Donald Rumsfeld también se ofreció a negociar personalmente con Kubrick, por lo que acompañado de Henry Kissinger, voló a Inglaterra. La propuesta sorprendió y divirtió a Kubrick, pero de entrada se negó. Rumsfeld no se rindió. Le pidió que le dejara las llaves del estudio para rodar unas secuencias y unas fotos. El lunes por la mañana volvería a estar igual.
Kissinger contribuyó a convencer a Kubrick halagándolo al decirle al cineasta que Teléfono Rojo era una de las películas favoritas de Nixon. Al final, Kubrick accedió.
El falso rodaje se realizaría en los Estudios Metro Goldwyin Meyer de Inglaterra con un equipo técnico mínimo. Los dos técnicos y los dos actores serían agentes de la CIA. Para asegurar su formalidad todos tendrían que ser solteros, sin lazos familiares y firmarían un contrato para guardar silencio por siempre sobre el asunto. Una vez concluido el rodaje tendrían que desaparecer, pero Stanley Kubrick, que era un perfeccionista, viendo la falta de profesionalismo del personal de la CIA, acabó, muy a su pesar, supervisando el rodaje del falso paseo por la luna aunque les advirtió que luego de la filmación saldrían para siempre de su vida.
Christine Kubrick, esposa del director de cine, admitió que el rodaje fue muy problemático porque no quedaba bien. Como ejemplo, cito que tenían problemas hasta con la recreación de las estrellas, para las que usaron grandes láminas de papel con agujeritos de alfiler. Luego de muchos intentos, finalmente la filmación concluyo satisfactoriamente.
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Pese al minucioso trabajo de Kubrick, cayó en equivocaciones. Dimitri Muffley, ex agente de la KGB para la cual trabajo 15 años, explicó los errores cometidos por la Casa Blanca, equivocaciones que, según éĺ, no habrían engañado ni a un niño de 10 años.
—Nos dimos cuenta de que aquello era un engaño. Tardamos menos de dos horas en descubrir el timo de las fotografías. La bandera norteamericana aparece suspendida en el aire ondeando, pero en la luna no hay viento. La NASA podría decir que habían retocado las barras y estrellas para hacerlas más patrióticas, pero serían tonterías.
La misma falta de atmósfera en la luna es la causa de los casos extremos de temperatura en la superficie. La cámara utilizada en la luna era de diseño y calidad excelentes, pero sin modificaciones especiales y sin funda. En dos horas, la temperatura pasó de 130 grados a menos 150 grados. Todo el mundo sabe que, por encima de los 50 grados, el calor provoca cambios químicos en las emulsiones fotográficas, hace que las partes mecánicas de la cámara se expandan y afloja las lentes. El frío extremo inutilizaría las baterías y el fotómetro y congelaría la película, que se parte como cristal a menos de 80 grados. Los rayos x del sol empañarían la película y los rayos violeta distorsionarían los colores. Sin embargo, todos los colores están perfectos.
La iluminación de las fotos y de la película del alunizaje del Apollo 11, la perfección de los detalles que se observa en el casco de uno de los astronautas y las condiciones climatológicas de la luna que hacen imposible la filmación de una cinta o de fotos, los argumentos de Dimitri Muffley, ex agente de la KGB para señalar como falsas las imágenes transmitidas por Estados Unidos.
La gravedad en la luna es una sexta parte de la de la tierra. Eso significa que un astronauta completamente equipado con su traje espacial que pesa 184 kilos en la tierra pesaría sólo unos 30 en la luna. ¿Han visto la profundidad de esa huella en la arena de un astronauta que sólo pesa una sexta parte de su peso normal? En la luna no hay agua y no conseguirías una huella así ni caminando sobre talco.
Finalmente, todas las fotografías están hechas sin flash. Se vería porque el astronauta que toma la foto se refleja en la visera del casco del otro astronauta. Los astronautas están iluminados desde atrás pero se ve perfectamente hasta el mínimo detalle de sus trajes espaciales. Lo primero que se aprende en fotografía es a no disparar contra la luz. Tienes que estar de espaldas al sol para sacar las mejores fotos. Una foto recuperada antes de que la NASA destruyera todas revela la fuente de luz de esas largas sombras horizontales: dos focos en un estudio.
De acuerdo con Dimitri Muffley, en la misión del Apollo 11 todo salió exactamente según lo planeado, excepto una cosa: no había imágenes —a excepción de las que se transmitieron por TV en vivo, no solo en 1969, sino en todas las misiones posteriores exitosas. La película estaba inservible y no salió ninguna foto; pero todo dependía de esas imágenes esperadas en todo el mundo.
Según Dimitri Muffley, ex agente de la KGB, es imposible que en la luna se pueda lograr una huella tan perfecta como esta.
A pesar de que todo había salido bien, Richard Nixon no había podido dormir por meses. Parecía distraído y con problemas para concentrarse. Su principal preocupación era que alguno de los participantes del rodaje hablara.
Ambrose Chapel, ex agente de la CIA, se negó a tomar parte de la misión. Se retiró del servicio y más adelante se hizo sacerdote en Baltimore. Comentó que Nixon repetía constantemente a sus consejeros que no podía correr el riesgo de que alguien confesara la verdad. Por ello, luego de consultarlo con su agregado militar, el coronel George Kaplam, decidió enviar a los mejores miembros de la CIA para deshacerse de los testigos del rodaje.
Donald Rumsfeld, miembro del gabinete de Nixon, manifestó que el presidente estaba tan decidido a llevar a cabo ese plan que le dijo: "Va a ser lo que usted quiera, pero creo que va a ser tarde. Debió hacerlo hace un año".
Ambrose Chapel, ex agente de la CIA, dio a conocer que el técnico de sonido del rodaje, Andy Rogers, se quemó vivo en un accidente de coche; al ayudante de dirección, lo encontraron ahogado en la piscina de su jardin; Vince Brown, otro miembro de la filmación, apareció en Patagonia, descuartizado. La policía aseguró que había sido un suicidio. Bob Stein, el escenógrafo, se olió lo que estaba pasado y se escondió en Brooklyn durante 10 años hasta que dieron con él.
Henry Kissinger, Donald Rumsfeld, la Casa Blanca y la CIA, que le habían prometido a Stanley Kubrick que nunca volvería a saber de ellos, cumplieron su palabra. Pero cinco años después de grabar las imágenes falsas, Kubrick cometió la imprudencia de ponerse en contacto con la Casa Blanca y con la NASA para pedir prestado una lente especial para el rodaje de "Barry Lyndon". La NASA aceptó, por los servicios prestados o dio su brazo a torcer por miedo a que se supiera la verdad de los los primeros pasos en la luna: Neil Amstrong y Aldrin.
Nixon había dimitido tras el escándalo Watergate, pero su sucesor, apremiado por el director de la CIA, volvió a poner en marcha la máquina. Stanley Kubrick era el último testigo directo del engaño que quedaba vivo. Intervinieron su teléfono e interceptaron su correo. Kubrick decidió entonces desaparecer. Hizo todas sus películas en su propiedad o cerca de ella, aunque el escenario fuera Vietman o Nueva York. Se encerró junto con su esposa e hijos y nunca volvió a salir hasta su muerte.
Amigos cercanos de Kubrick señalan que el director acusaba a Nixon de estar de acuerdo con la CIA para asesinarlo. El director de la CIA era Vernon Walters.
Al respecto, el General Vernon Walters, ex director de la CIA, destacó que la verdad era que Nixon no sabía nada, pero que la gente se mantuvo siempre fiel a él.
Durante la entrevista grabada para la televisión, el general Walters quería seguir hablando, pero en privado, sin ser grabado, sobre la eliminación de todos los que habían participado en el rodaje. Antes de abordar el tema del repentino fallecimiento de Stanley Kubrick pidió que se apagase la cámara, porque les podría costar la vida a los reporteros.
De acuerdo con el productor del documental, el general Walters, visiblemente alterado, sugirió seguir con la conversación al día siguiente, pero murió repentinamente durante la noche, de un derrame cerebral. Había accedido a romper una de las normas explícitas de la CIA: la del silencio y el anonimato.
La muerte de Vernon Walters sólo mereció unas cuantas líneas en algunos periódicos, pero the New York Herald Tribune le dedicó un largo artículo. Parte de él decía: "La última aparición pública del general Walters fue en un documental de la televisión francesa en el que hablaba sobre la implicación de la Casa Blanca en el programa Apollo a final de los años 60. Tanto el productor como el director señalaron que estaba en perfecta estado". L.I.