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La enfermedad de Alzheimer es uno de los grandes retos de la sociedad. Hoy por hoy no existen curas y poco se sabe del origen de una de las enfermedades neurodegenerativas más devastadoras.
La Alzheimer’s Association publicó su Reporte Mundial 2010, en el cual se estima en 35.6 millones la cantidad de enfermos a nivel internacional; prevén que habrá 65.7 millones en 2030 y 115.4 millones en 2050.
En 2010 los dos tercios de esta población enferma vive en países en vías de desarrollo. Justamente esta región es la que notará más el avance del flagelo.
Andrés, de 59 años, no se lo pensó dos veces cuando se ofreció como voluntario para participar en un proyecto cuyo objetivo es el diagnóstico precoz de una enfermedad que se detecta tarde. La clave para la aplicación de tratamientos eficaces se encuentra justo diez años antes de los primeros síntomas, cuando el cerebro empieza a registrar pequeños cambios que vaticinan la futura aparición del Alzheimer.
El Centro de Investigación y Terapias Avanzadas (CITA-Alzheimer), ubicado en San Sebastián, España, analiza el cerebro a través de las imágenes. El proyecto Gipuzkoa Alzheimer pretende identificar marcadores genéticos a través de uno de los más avanzados sistemas en neuroimagen; un escáner de casi 12 toneladas y 3 teslas (lo habitual es 1.5 en los utilizados en los hospitales). El estudio, uno de los más exhaustivos que se están llevando a cabo, ha conseguido en menos de tres meses movilizar a 500 voluntarios. "La medicina del futuro tiende a ser personalizada, predictiva y participativa", apunta Gurutz Linazasoro, neurólogo y director científico de CITA-Alzheimer, fundación creada en 2007.
Imagen del documental 'Alzheimer’s Disease: Facing the Facts'.
Andrés acaba de salir de la prueba de la punción lumbar. La extracción de una muestra de líquido céfalo-raquídeo es una de las partes fundamentales del estudio -en su primera fase- porque en este líquido se analiza el depósito de la proteína amiloide-b en el cerebro, uno de los signos más específicos de la patología del Alzheimer.
En una sala donde se recupera de la punción, Andrés, uno de los 63 voluntarios que ha pasado algunas de las pruebas, cuenta relajado su experiencia: "La verdad es que venía un poco nervioso pero casi no me he enterado. ¿Por qué me he animado? Es una forma de aprender, más allá de hablar de fútbol o tomar copas con los amigos".
Ernesto Sanz Arigita, director de neuroimagen, subraya el triunfo de lograr centenares de voluntarios sanos: "La respuesta ha sido espectacular. En un proyecto similar en Holanda me costó un año encontrar a 20".
Junto con la punción lumbar, a la que un 60% de los voluntarios han accedido, se suman análisis de sangre y dos sesiones de neuroimagen; una estructural y otra funcional. Con edades comprendidas entre los 50 y los 65 años, los voluntarios están divididos casi al 50% entre personas con riesgo (antecedentes familiares, problemas de memoria, etcétera) e individuos sanos. Cada paciente podrá saber el resultado de las pruebas.
El estudio permitirá la recogida de datos clínicos, neurológicos, estadísticos, psicológicos y nutricionales. Este último apartado aportará además información valiosa sobre los hábitos alimentarios que, en opinión de los investigadores, pueden influir en la enfermedad y que apenas se toma en cuenta en otros estudios similares. El proyecto, que arrancó con la aportación económica de una familia y se mantiene en tiempos de crisis gracias a la colaboración de las Administraciones central, autonómica y provincial, además de la Kutxa Obra Social, realizará el seguimiento de los voluntarios durante los próximos años para comprobar el estado de su rendimiento cognitivo, el volumen cerebral y los cambios que vayan experimentando.
Tras los primeros datos de la primera fase de la investigación, CITA-Alzheimer iniciará la segunda fase, que contará ya con 2,000 o 3,000 personas. Será en ese momento cuando se pondrán a prueba esos posibles marcadores específicos para sacar conclusiones más determinantes y validarlas como herramientas de detección efectivas.
"Resulta frustrante que los tratamientos nuevos dirigidos a combatir los mecanismos de la enfermedad no funcionen. Las pruebas para el diagnóstico son caras y difíciles de hacer y a los médicos en general no les interesa hacer punciones lumbares a una persona aparentemente sana que sólo tiene fallos de memoria. Y, menos aún, si no está demenciada. Es el mismo debate que está abierto en la sociedad científica", explica el neurólogo Pablo Martínez Lage.
El objetivo final es saber cuándo se producen los síntomas, cuándo empiezan esas primeras neuronas a morirse, los primeros cambios en el cerebro hacia una degeneración neuronal. En este sentido, el estudio va acompañado de un proyecto paralelo que se llama Redes en riesgo, que consiste en encontrar los mecanismos que utiliza el cerebro para enmascarar los fallos.
Los investigadores de CITA-Alzheimer trabajan con el deseo de que algún día se pueda plantear una verdadera prevención específica. Para ello, la única manera es definiendo a las poblaciones de riesgo. "Nadie está libre del Alzheimer, es una de las enfermedades más democráticas. Pero un cerebro entrenado responde mejor", apunta Martínez Lage.